Trascendencia de
esta Obra


     
 

La trascendencia es evidente. Baste recordar que Ecuador bendecido por la naturaleza de mil maneras ha sido maldecido por la historia también de mil maneras. La naturaleza nos dio una mansión soberbia. La historia nos dio unos habitantes marcados por la fatalidad de las circunstancias. No tuvimos como los mexicanos una cultura de continuidad entre los olmecas de antes de Cristo inventores del calendario astronómico y del cero matemático y los de Teotihuacán y del primer milenio, escultores asombrosos y creadores de una refinada cultura urbana, y los herederos de la Tula chinchimeca y del extraordinario Technotitlan mexica. Nuestras antiguas culturas de los períodos formativo, de desarrollo regional y de integración no tuvieron una línea de continuidad, y el período anterior a la llegada de los españoles nuestras variadas etnias no tuvieron como elemento unificador y dictatorial sino los escasos setenta años de los incas. Partidos como Real Audiencia de Quito, una jurisdicción administrativa de tercera calidad, entre los virreinatos del Perú y de Nueva Granada no recibimos una infusión de lo mejor de España como Lima y Bogotá. Demasiado diversos por una geografía bella y caprichosa formamos un estado sin tener una nacionalidad robusta y caímos en manos de caciques exportadores, de patrones terratenientes y de salvadores mesiánicos populistas tocados todos ellos por un aura de locura. Tampoco arrasamos a los indios como en Argentina y no recibimos a fines del siglo pasado y el primer tercio de este siglo una emigración considerable como sucedió en el Cono Sur. Y cuando el Estado pudo controlar la economía con la nacionalización del petróleo, ese caciquismo, ese patronazgo y esa falta de amor al bien común fueron cometiendo desatinos, perdiendo un tiempo precioso, desatendiendo a un pueblo bueno y sólido pero profundamente ignorante y nos precipitaron en la crisis actual. Lo mejor que hemos hecho los habitantes de la Sierra del país, sobre todo los de la Sierra Norte, fue obra de los religiosos, los indios y los artesanos del pueblo. Lo más grande de nosotros se llama patrimonio cultural. Allí está la escondida raíz de nuestra identidad que tardará en crecer todavía mucho tiempo. Por este motivo el haber vuelto los ojos a este patrimonio, el haber emprendido como en este convento la obra de su restauración y embellecimiento tiene una trascendencia profética. En medio de tantos huesos secos se alza el resplandor de esta luz del Convento de Santo Domingo. Ella es el signo, el símbolo de nuestra resurrección histórica. Es pero todavía no es aún. Y aquí radica la trascendencia de esta obra y la valía del libro que la narra y la muestra. Podemos, pues, decir en esta noche verdaderamente pascual: "Lumen Christi. Deo Gratias".

 

TOMADO DE: Discurso del Doctor Simón Espinosa Cordero en el acto del Lanzamiento del Libro: "Convento Máximo Santo Domingo de Quito", el 8/12/99.